Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —VivÃa él…, o más bien su madre. Pero ésta encontraba el castillo un poco triste y no le agradaba. De modo que lo abandonaron el año pasado.
—¿Y no vive ahora nadie all�
—SÃ, un italiano a quien mi cliente se lo ha alquilado para la temporada de verano. Es el barón Anfredi.
—¡Ah! El barón Anfredi, un hombre todavÃa joven, con un aire bastante afectado…
—En verdad, yo no sé nada… Mi cliente trató directamente con él. No hubo fianza…; bastó una simple carta…
—Pero ¿usted conoce al barón?
—No. Él no sale nunca del castillo… Sale en automóvil algunas veces, por la noche, al parecer. La compra de provisiones la realiza una vieja cocinera que no habla con nadie. Son unas gentes muy raras…
—¿El cliente de usted aceptarÃa el vender el castillo?
—No lo creo.
—¿Puede usted indicarme su nombre?
—Luis Valméras, treinta y cuatro, calle Mont-Thabor.