Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Era cual si el propio Destino hubiera tomado partido en favor de Beautrelet y refrendado el parte de la victoria. La multitud lo sintió así a tal punto, que ése fue el momento en que brotó, entre sus admiradores, la idea de un gran banquete en el cual se celebraría su triunfo y el aplastamiento de Lupin. La idea resultó maravillosa y suscitó el entusiasmo. En quince días se recibieron trescientas adhesiones. Se repartieron invitaciones por los institutos de París a razón de dos alumnos por cada clase de retórica. La Prensa entonaba himnos. Y el banquete resultó lo que debía resultar una apoteosis.