Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca »¡1680! Unos años después de la publicación del libro y del encarcelamiento de Máscara de hierro. Todo se explicaba: Luis XIV, en previsión de que el secreto pudiera divulgarse, había construido y bautizado este castillo para ofrecer a los curiosos una explicación natural del antiguo misterio. ¿La aguja hueca? Pues era ni más ni menos que un castillo de torrecillas puntiagudas, situado en la orilla del río Creuse (Hueco) y perteneciente al rey. Y así de buenas a primeras se creería conocer ya el enigma y cesaban las investigaciones.
»El cálculo, pues, era exacto, puesto que más de dos siglos después el señor Beautrelet cayó en la misma trampa. Y es a eso, señor director, a lo que yo quería llegar al escribir esta carta. Si Lupin, bajo el nombre de Anfredi, le alquiló al señor Valméras el castillo de la Aguja, a la orilla del Creuse, si alojó allí a sus dos prisioneros, es que admitía el éxito de las inevitables investigaciones del señor Beautrelet, y que, con objeto de conseguir la paz que había pedido, le tendía precisamente al señor Beautrelet la trampa histórica de Luis XIV.