Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca »Y por todo lo que antecede llegamos a la conclusión irrefutable de que fue él, Lupin, con sus exclusivas luces, sin saber ni conocer otros hechos que los que nosotros también conocemos, quien logró, por el sortilegio de un genio verdaderamente extraordinario, descifrar el que parecía indescifrable documento. Y es que Lupin, último heredero de los reyes de Francia, conoce el misterio real de la Aguja hueca.»
Ahí terminaba el artículo. Pero después de unos minutos, después del trozo que se refería al castillo de la Aguja, ya no era Beautrelet quien le daba lectura. Comprendiendo su derrota, aplastado bajo el peso de la humillación sufrida, había abandonado el periódico y se había hundido en su silla, con el rostro oculto entre sus manos.
Jadeante y sacudido de emoción por aquella increíble historia, la multitud se había acercado poco a poco y se apretujaba en torno a él. Se esperaba con una angustia temblorosa las palabras con que él respondería, las objeciones que iría a formular.
Pero no se movió.
Con un gesto delicado, Valméras le apartó las manos del rostro y le irguió la cabeza.
Isidoro Beautrelet estaba llorando.