Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Y sus ojos no se apartan de sus ojos en el espejo, como si esperara duplicar así la fuerza de sus pensamientos al contemplar aquella imagen pensativa y encontrar en el fondo de ese ser la insoluble solución que no es capaz de descubrir dentro de sí mismo. Así permanece hasta las seis de la madrugada. Y es poco a poco que, desprendida de todos los detalles que le complican y oscurecen, la pregunta se le plantea a su espíritu con toda sequedad, desnuda, con el rigor de una ecuación. Sí, se ha equivocado. Sí, su interpretación del documento es falsa.
La palabra «aguja» no se refiere en absoluto al castillo de la orilla del Creuse. Y asimismo la palabra «señorita» no puede aplicarse a Raimunda de Saint-Véran y su prima, puesto que el texto del documento se remonta a siglos.
Por consiguiente, hay que rehacerlo todo. ¿Y cómo?