Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Alberto hizo, a su vez, su declaración, y el juez concluyó:
—Por consiguiente, según usted, el herido no pudo huir por la izquierda, puesto que vuestro compañero vigilaba la puerta, ni por la derecha, puesto que usted lo hubiera visto atravesar el césped. Por consiguiente, según la lógica, en estos momentos se encuentra en el espacio relativamente restringido que nosotros tenemos bajo nuestra mirada.
—Estoy convencido de ello.
—¿Y usted también lo está, señorita?
—SÃ.
—Y yo también —dijo VÃctor.
El fiscal suplente exclamó en tono socarrón.
—El campo de investigaciones es estrecho, y no hay sino que continuar la busca comenzada desde las cuatro.
—Quizá ahora tengamos más suerte.
—El señor Filleul tomó la gorra de cuero de encima de la chimenea, la examinó y, llamando al brigadier de la gendarmerÃa, le dijo aparte:
—Brigadier, envÃe inmediatamente a uno de sus hombres a Dieppe, al establecimiento del sombrerero Maigret, y que el señor Maigret nos diga a quién le vendió esta gorra.