Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —Poseedor del secreto, el capitán de la guardia comenzó por hacer entrega del mismo en partes, en la nota manuscrita que encontró luego su bisnieto. Después, silencio. La palabra clave del enigma no la dio el capitán. ¿Por qué? Porque la tentación de utilizar el secreto se infiltró poco a poco en él y sucumbió a ella. ¿La prueba? Su asesinato. ¿La prueba? La magnÃfica joya descubierta en su poder y que, indudablemente, él habÃa sustraÃdo de aquel tesoro real cuyo escondrijo, desconocido de todos, constituye precisamente el misterio de la aguja hueca. Lupin me lo ha dado a entender. Y Lupin no mentÃa.
—¿De modo que las conclusiones de usted son…?
—Mis conclusiones son que es preciso hacer el máximo de publicidad en torno a este asunto y que se sepa que nosotros buscamos un libro titulado El tratado de la aguja. Quizá alguien lo desentierre en el fondo de cualquier biblioteca de provincias.
La nota al respecto fue redactada inmediatamente, y luego, sin siquiera esperar a que diera algún resultado, Beautrelet se puso manos a la obra.