Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Se presentaba un principio de pista: el asesinato del capitán había ocurrido en las inmediaciones de Gaillon. Aquel mismo día, Beautrelet se dirigió a esa ciudad. Cierto es que no esperaba poder reconstruir un crimen perpetrado doscientos años antes. Pero, de todas formas, hay algunos hechos que dejan rastros en los recuerdos y en las tradiciones de las tierras donde ocurren.
Hurgó, cotejó los registros de la cárcel local, los registros de los antiguos bailiajes y de las parroquias, las crónicas locales, las comunicaciones a las academias de provincias. Pero ninguna noticia o dato aludía al asesinato de un capitán de la guardia en el siglo XVII.
No se descorazonó por ello y continuó sus investigaciones en París, donde quizá se hubiera llevado a cabo la instrucción judicial del asunto. Pero sus esfuerzos no dieron ningún resultado.
Mas la idea de otra pista lo lanzó en una nueva dirección. ¿Sería acaso posible descubrir el nombre del capitán de la guardia cuyo bisnieto sirvió en los ejércitos de la República y estuvo destacado en el Temple durante la detención allí de la familia real, que sirvió a Napoleón y que hizo la campaña de Francia?
A fuerza de paciencia, Beautrelet acabó por formar una lista en la que, cuando menos, dos nombres presentaban una similitud casi completa: el señor Larbeyrie, bajo Luis XIV, y el ciudadano Larbrie, bajo el Terror.