Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —Pasemos, pasemos —dijo Beautrelet, que tenÃa prisa por llegar a la solución.
—¡Cómo pasemos! No, en modo alguno. Esto es apasionante. Asà podremos saber la causa verdadera por la cual Juana de Arco fue quemada. ¡Tamaño enigma resuelto!… ImagÃnese usted… ¡Entonces, el hombre de la máscara de hierro fue encarcelado porque conocÃa el secreto de la casa real de Francia! ¡Caramba! Ésas son cuestiones primordiales.
—¡Más tarde, más tarde! —protestó Beautrelet, cual si tuviera miedo de que el libro se esfumase de sus manos antes que quedara aclarado el misterio—. No tenemos tiempo, después… Veamos ante todo la explicación.
De pronto, Beautrelet se interrumpió. ¡El documento! En medio de una página a la izquierda, sus ojos vieron las cinco lÃneas misteriosas de puntos y de cifras. Con una ojeada comprobó que el texto era idéntico a aquél que él habÃa estudiado tanto. Era la misma disposición de los signos…, los mismos intervalos que permitÃan aislar la palabra «señoritas» y determinar separadamente unos de otros los dos términos de la aguja hueca.
PrecedÃa una pequeña nota que decÃa: «Todas las informaciones necesarias han sido reducidas por el rey Luis XIII, parece ser, a un pequeño cuadro que transcribo más abajo».