Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —¿Y usted lo leyó?
—SÃ, ayer noche.
—Y cuando usted lo leyó, ¿estas dos páginas faltaban ya? Recuérdelo usted bien, ¿las dos páginas que siguen a este cuadro de cifras y de puntos?
—¡No! ¡No! —respondió ella, muy sorprendida—. No faltaba ninguna página.
—Sin embargo, alguien ha roto…
—Pero si el libro no salió de mi habitación esta noche.
—¿Y esta mañana?
—Esta mañana, yo lo bajé aquà cuando anunciaron la llegada del señor Massiban.
—¿Entonces?
—Entonces, no lo comprendo…, a menos que…
—Jorge…, mi hijo…, esta mañana…, Jorge estuvo jugando con este libro.