Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca La señora salió precipitadamente, acompañada de Beautrelet, de Massiban y del barón. El niño no estaba en su habitación. Lo buscaron por todas partes. Al fin lo encontraron jugando detrás del castillo. Pero aquellas personas parecÃan tan agitadas y le exigÃan cuentas al niño con tanta severidad, que éste se puso a lanzar alaridos. Todo el mundo corrÃa de un lado para otro. Se interrogaba a los criados. Era un tumulto indescriptible. Y Beautrelet sentÃa la espantosa impresión de que la verdad se alejaba de él como el agua se filtra por entre los dedos. Hizo un esfuerzo por serenarse, tomó del brazo a la señora de Villemon y, seguido del barón y de Massiban, la condujo al salón y le dijo:
—El libro está incompleto, sea. Fueron arrancadas dos páginas…, pero usted las habÃa leÃdo, ¿no es asÃ, señora?
—SÃ.
—¿Sabe usted lo que contenÃan?
—SÃ.
—¿PodrÃa usted repetÃrnoslo?
—Perfectamente. Yo he leÃdo todo el libro con mucha curiosidad, pero esas dos páginas, sobre todo, me sorprendieron, dado el interés considerable de las revelaciones que contenÃan.