Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Isidoro, has cometido una tontería. Si no les hubieras dicho que yo era Lupin, me hubieran saltado encima. Y con unos mocetones como ésos, caray, ¿qué hubiera sido de mí, Dios mío? Uno contra cuatro.

Se acercó a ellos, y añadió:

—Vamos, hijos, no tengáis miedo…, no os haré daño…; escuchad, ¿queréis un terroncito de azúcar? ¡Ah!, tú, por ejemplo, me vas a devolver mi billete de cien francos. Sí, sí, te reconozco. Es a ti a quien yo te pagué hace poco para que le llevaras la carta a tu patrona… Vamos, rápido, mal servidor…

Tomó el billete azul que le tendía el criado y lo rompió en pequeños pedazos.

—El dinero de la traición… me quema los dedos.

Levantó el sombrero e, inclinándose profundamente ante la señora de Villemon, dijo:

—¿Me perdona usted, señora? Los azares de la vida, sobre todo de la mía, obligan a menudo a crueldades por las cuales soy el primero en ponerme colorado. Pero no tema por su hijo, es una simple inyección. Una pequeña inyección en el brazo que le puse yo mientras le interrogaban. Dentro de una hora ya le habrá pasado todo… Una vez más, mil perdones. Pero necesito el silencio de usted.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker