Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Pronunció esas palabras con una especie de salvajismo en el que se translucÃa un odio feroz contra el gran enemigo que le habÃa burlado.
—Váyase —murmuró el inglés—. Nos están observando… y es peligroso… Pero recuerde mis palabras: el dÃa que Lupin y yo nos encontremos frente a frente será…, será algo trágico.
Beautrelet se despidió de Sholmes ya completamente tranquilo: no habÃa que temer que el inglés le ganara por rapidez.
Y qué prueba le proporcionaba la casualidad con esa entrevista. En efecto, la carretera de El Havre a Lille pasa por Dieppe. Es la gran carretera de la tierra de Caux, la carretera marÃtima que domina los acantilados de la Mancha. Y era en una granja vecina a esa carretera donde Victoria estaba instalada. Victoria, es decir, Lupin, puesto que el uno no andaba sin la otra, el amo sin la sirvienta siempre ciegamente dedicada a él.