Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —¿Esta mañana? ¿Qué es lo que usted dice?
—Que la gorra fue comprada esta mañana.
—Pero eso es imposible, puesto que fue encontrada esta noche en el parque. Para ello hubiera sido preciso que hubiese sido comprada con anterioridad.
—Pues fue esta mañana. Me lo dijo el sombrerero.
Hubo unos instantes de desconcierto. El juez de instrucción, estupefacto, trataba de comprender. De pronto dio un salto, iluminado por un rayo de luz.
—Que traigan aquà al chofer que nos transportó esta mañana.
El brigadier de la gendarmerÃa y su subordinado corrieron presurosos hacia las caballerizas. Al cabo de unos minutos el brigadier regresaba solo.
—¿Y el chofer?
—Hizo que le sirvieran de comer en la cocina, almorzó y después…
—¿Después qué?
—Después desapareció.
—¿Con su coche?
—No. Con el pretexto de ir a ver a un pariente en Ouville, pidió prestada la bicicleta del palafrenero. Aquà están su gorra y su chaqueta.
—Pero ¿no se fue con la cabeza descubierta?
—Sacó del bolsillo una gorra y se la puso.
—¿Una gorra?