Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

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Y el fiscal suplente le tendió al señor Filleul un papel doblado en cuatro en el que podían leerse estas breves palabras trazadas a lápiz y con una letra un tanto vulgar:

«Ay de la señorita, si ha matado al patrón».

El incidente causó cierta emoción.

—Al buen entendedor, pocas palabras, se nos advierte —murmuró el suplente.

—Señor conde —prosiguió el juez de instrucción—, le suplico que no se inquiete. Ni ustedes tampoco, señoritas. Esta amenaza no tiene ninguna importancia, pues la autoridad está aquí presente. Se tomarán todas las precauciones. Yo respondo de la seguridad de ustedes. En cuanto a ustedes, señores —agregó, volviéndose hacia los reporteros—, cuento con su discreción. Es gracias a mi complacencia que ustedes han podido asistir a esta investigación, y sería corresponderme mal…

Se interrumpió como si se le hubiera ocurrido una idea. Miró a los dos jóvenes alternativamente y se acercó a uno de ellos, diciéndole:

—¿A qué periódico pertenece usted?

—Al Journal de Rouen.

—¿Tiene usted su tarjeta de identidad?

—Aquí está.


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