Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca El documento estaba en regla. El señor Filleul nada tenÃa que decir, pues, y luego interpeló al otro reportero:
—¿Y usted, señor?
—¿Yo?
—SÃ, usted. Le pregunto a qué redacción pertenece usted.
—Dios mÃo, señor juez de instrucción, escribo para varios periódicos…
—¿Y su tarjeta de identidad?
—No la tengo.
—¡Ah! ¿Y cómo es eso?…
—Porque para que un periódico dé una tarjeta de identidad, es preciso escribir para él de una manera continua.
—¿Y entonces?
—Pues… que yo no soy más que un colaborador ocasional. Mando a un lado y a otro mis artÃculos, que unas veces se publican y otras son rechazados…, según las circunstancias.
—En ese caso, ¿cómo se llama usted? ¿Sus documentos?
—Mi nombre no le dirÃa a usted nada. En cuanto a mis documentos, no los tengo.
—¿Usted no tiene ningún documento que acredite su profesión?
—Yo no tengo profesión.