Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —Beautrelet, vengo del palacio del ElÃseo. Se considera este asunto como un secreto de Estado y de una extrema gravedad. Hay serias razones para que se mantenga secreta esta ciudadela invisible…, razones estratégicas sobre todo… Éste puede convertirse en un centro de aprovisionamiento, un almacén de pólvoras nuevas, de proyectiles recientemente inventados, ¿qué sé yo?, en el arsenal desconocido de Francia.
—Pero ¿cómo esperan guardar este secreto? Antaño lo poseÃa un solo hombre: el rey. Hoy ya somos varios los que lo sabemos, sin contar la banda de Lupin.
—Bien. Pero aunque sólo se lograran diez años de silencio…, cinco años…, esos cinco años serÃan la salvación…
—Pero para apoderarse de esta ciudadela, de este futuro arsenal, es preciso ante todo atacarlo, es preciso desalojar de allà a Lupin. Y todo eso no se hará sin ruido.
—Evidentemente, se sospechará algo, pero no se sabrá nada.
—Sea. ¿Cuál es el plan de usted?
—En dos palabras, helo aquÃ. En primer lugar, usted no es Isidoro Beautrelet y tampoco se trata ya de Arsenio Lupin. Usted es y seguirá siendo un mozalbete de Etretat que vagando ha sorprendido a unos individuos que salÃan de un subterráneo. Y usted da por supuesta la existencia de una escalera que perfora el acantilado.