Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Pero como yo tendré allí media docena de barcas de pesca, cada una de las cuales estará mandada por uno de mis hombres, será detenido.

—Siempre que no pase por entre sus barcas como pasa un pez por entre las mallas de una red.

—Sea, pero entonces lo hago hundir al fondo del mar.

—¡Diablo! ¿Con cañones?

—¡Dios santo, sí! En este momento se encuentra en el Havre un torpedero. A una llamada telefónica mía desde aquí se encontrará a la hora convenida en las inmediaciones de la Aguja.

—¡Qué orgulloso se sentirá Lupin! Un torpedero… Vamos, ya veo, señor Ganimard, que usted lo tiene todo previsto. Ya no queda más que ponerse en marcha. ¿Cuándo nos lanzamos al asalto?

—Mañana. En pleno día, con la marea creciente, a eso de las diez.

Bajo una apariencia de alegría, Beautrelet ocultaba una real angustia. Hasta el día siguiente no se durmió, agitado por las ideas de los planes más irrealizables. Ganimard se había separado de él para dirigirse a una docena de kilómetros de Etretat, a Yport, donde, por prudencia, había dado cita a sus hombres, y donde fletó doce barcas de pesca con objeto, hizo saber, de realizar sondeos a lo largo de la costa.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker