Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca El inspector se aventuró por el túnel, siguió la pasarela de madera y se detuvo delante de una linterna, y la descolgó, diciendo:
—Estos utensilios datan quizá de la Edad Media, pero la forma de alumbrado es moderna. Estos señores se alumbran con camisas de mecheros de gas.
Prosiguió el camino. El túnel desembocaba en otra gruta más espaciosa, donde se divisaban al frente los primeros peldaños de una escalera ascendente.
—Ahora empieza el ascenso de la Aguja —dijo Ganimard—. Esto ya es más grave.
Pero uno de sus hombres lo llamó:
—Jefe, hay allà otra escalera, a la izquierda.
E inmediatamente después descubrieron otra tercera escalera a la derecha.
—¡Diablos! —murmuró el inspector—. La situación se complica. Si vamos por aquÃ, se largarán por allá.
—Dividámonos —propuso Beautrelet.
—No, no… Eso serÃa debilitarnos… Es preciso que uno de nosotros vaya de exploración.
—Iré yo, si usted quiere…