Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —Lo que me resulta más triste todavÃa es eso, todo eso que tengo que abandonar. ¿No te parece hermoso? El mar inmenso, el cielo… A derecha e izquierda los acantilados de Etretat, con sus tres puertas, la puerta de Amont, la puerta de Aval y la Manneporte…, otros tantos arcos de triunfo para el maestro… ¡Y el maestro era yo! ¡El rey de la aventura, el rey de la Aguja hueca! Reino extraño y sobrenatural de César a Lupin… ¡Qué destino!
Rompió a reÃr, y agregó:
—¿Rey de la magia? ¿Y por qué esto? Digamos en seguida rey de Yvetot. ¡Qué broma! Rey del mundo, sÃ, esa es la verdad. Desde esta punta de la Aguja yo dominaba el universo. Levanta ta tiara de Saitafarnés, Beautrelet… ¿Ves ese doble aparato telefónico?… A la derecha es la comunicación con ParÃs…, lÃnea especial…, y a la izquierda, con Londres, lÃnea especial. Por Londres me comunico con Norteamérica, con Asia, con Australia. En todos esos paÃses tengo sucursales, agentes de venta, ojeadores. Es el comercio internacional. Es el gran mercado del arte y de las antigüedades, la feria del mundo, ¡ah!, Beautrelet, hay momentos en que mi poder me hace perder la cabeza. Estoy embriagado de fuerza y de autoridad…
La puerta de abajo cedió. Se oyó a los hombres que corrÃan y que buscaban… Después de unos instantes Lupin continuó en voz baja: