Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —Y he aquà que se ha acabado… Pasó una joven que tiene los cabellos rubios, unos hermosos ojos tristes y un alma honrada… y se acabó… Yo mismo he demolido el formidable edificio… Todo lo demás me parece absurdo y pueril… Lo único que cuenta son sus cabellos…, sus ojos tristes… y su pequeña alma honrada.
Los hombres subÃan la escalera. Un golpe sacudió la puerta, la última puerta ya… Lupin agarró de un brazo al joven.
—¿Comprendes, Beautrelet, por qué te he dejado el campo libre cuando tantas veces, desde hace semanas, pude aplastarte? ¿Comprendes por qué has conseguido llegar hasta aquÃ? ¿Comprendes por qué le he entregado a cada uno de mis hombres su parte del botÃn y que tú los viste la otra noche sobre el acantilado? Lo comprendes, ¿no es eso? La Aguja hueca es la aventura. Mientras sea mÃa, yo soy el aventurero. La Aguja tomada por otros es todo el pasado que se desprende de mÃ, es el porvenir que comienza, un porvenir de paz y felicidad en el que yo ya no enrojeceré cuando los ojos de Raimunda me miren…, un porvenir.
Se volvió furioso hacia la puerta:
—Pero cállate ya de una vez, Ganimard, no he terminado aún de hablar.