Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —Usted podÃa esperar…
—Toda esperanza hubiera sido absurda. Reflexione, señor juez de instrucción, y convendrá conmigo que en buena lógica…
El señor Filleul le miró directamente a los ojos, y con sequedad replico:
—Basta de bromas. ¿Cuál es su nombre?
—Isidoro Beautrelet.
—¿Su profesión?
—Alumno de retórica en el instituto Janson-de-Sailly.
El señor Filleul volvió a clavarle su mirada en los ojos, y secamente le dijo:
—¿Qué cuento me está diciendo usted? Alumno de retórica…
—En el instituto Janson, calle de la Pompe, número…
—¡Cómo!… ¡Cómo!… —exclamó el señor Filleul—. Pero usted se esta burlando de mÃ. Le conviene no continuar con ese jueguecito.
—Le confieso a usted, señor juez de instrucción, que su sorpresa me asombra. ¿Por qué no puedo yo ser alumno del instituto Janson? ¿Por mi barba, acaso? TranquilÃcese usted, mis barbas son postizas.