Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Isidoro Beautrelet se arrancó los pocos bucles de pelo que adornaban su mentón, y su rostro imberbe surgió más juvenil y más sonrosado todavÃa. Un verdadero rostro de estudiante de instituto. Y mientras una risa de chiquillo descubrÃa sus blancos dientes, añadió:
—¿Está usted convencido ahora? ¿Acaso necesita nuevas pruebas? Tenga, lea la dirección en estas cartas de mi padre: «Señor don Isidoro Beautrelet, alumno interno en el instituto Janson-de-Sailly».
Convencido o no, el señor Filleul no tenÃa en modo alguno aspecto de que le agradara toda aquella historia, y preguntó con tono malhumorado:
—¿Y qué hace usted aqu�
—Pues… me instruyo…
—Hay institutos para eso…, el suyo.
—Olvida usted, señor juez de instrucción, que hoy, veintitrés de abril, estamos en plenas vacaciones de Pascua.
—Bueno, ¿y qué?
—Pues que gozo de entera libertad para utilizar esas vacaciones a mi gusto.
—¿Y su padre?…
—Mi padre vive lejos, en el interior de Saboya, y fue él mismo quien me aconsejó que realizara un pequeño viaje por las costas de la Mancha.
—¿Con una barba postiza?