Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Después de subir la escala apareció como una angostura, como un torrente abrupto excavado por las aguas de las lluvias y al fondo del cual había una especie de escalera provista de una rampa. Conforme Lupin se lo explicó, esa rampa había sido colocada para sustituir a una larga cuerda amarrada a unas estacas y con la cual antaño se ayudaban las gentes del país para bajar a la playa… Ascendieron durante cerca de media hora y desembocaron en la llanura, no lejos de una de esas cabañas abiertas en plena tierra y que sirven de abrigo a los aduaneros de la costa. Y precisamente, cuando doblaban en un recodo del camino, apareció un aduanero.

—¿Nada de nuevo, Gomel? —le preguntó Lupin.

—Nada, jefe.

—¿Ningún sospechoso?

—No, jefe…; sin embargo…

—¿Qué?

—Mi esposa, que es costurera en Neuvillette…

—Sí, ya sé… Cesarina… ¿Y qué?

—Vio a un marinero que rondaba esta mañana…

—¿Qué cara tenía ese marinero?

—Nada natural… Una cara de inglés.

—¡Ah! —exclamó Lupin, preocupado—. Y tú le diste la orden a Cesarina de…

—De abrir los ojos, sí, jefe.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker