Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —¡Lo olvidará! Lo olvidará porque yo he hecho por ella todos los sacrificios. He sacrificado el refugio inviolable de la Aguja hueca, mis tesoros, mi poder, mi orgullo…, lo sacrificaré todo… Yo ya no quiero ser nada…, nada más que un hombre honrado, puesto que ella no puede amar más que a un hombre honrado… Después de todo, ¿qué puede importarme el ser honrado? No es más deshonroso que cualquier otra cosa…
La broma se le escapó sin quererlo, por asà decir. Su voz se hizo ya grave y sin ironÃa. Y murmuró con violencia contenida:
—¡Ah!, ya ves, Beautrelet, de todos los goces que yo he tenido en la vida, no hay uno que valga la alegrÃa que me produce su mirada cuando ella se siente satisfecha de mÃ… Entonces me siento completamente débil…
Se acercaban a una vieja puerta que servÃa de entrada a la granja. Lupin se detuvo, y dijo:
—¿Por qué tengo miedo?… Es algo como una opresión… ¿Es que la aventura de la Aguja hueca aún no ha acabado? ¿Es que el Destino no acepta el desenlace que yo escog�
Raimunda se volvió muy inquieta, y dijo:
—Ahà viene Cesarina corriendo…
La mujer del aduanero llegaba, en efecto, viniendo de la granja, corriendo a toda prisa. Lupin se precipitó hacia ella, y le preguntó: