Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca La tarde transcurría. El juez regresó a las ruinas del claustro, y tomando la precaución de prohibir la entrada a todos los curiosos, pacientemente, con método, dividiendo el terreno en parcelas estudiadas sucesivamente, dirigió por sí mismo las investigaciones… Pero al final del día no había avanzado nada en absoluto, y ante un ejército de periodistas que habían invadido el castillo declaraba:
—Señores, todo nos hace suponer que el herido está aquí, al alcance de nuestra mano. Todo…, salvo la realidad de los hechos. Por consiguiente, en nuestra humilde opinión ha debido de escaparse, y será fuera de aquí donde lo encontremos.
No obstante, por precaución, organizó, de acuerdo con el brigadier, la vigilancia del parque, y, después de un nuevo examen de los dos salones y de una visita completa al castillo, luego de haber adquirido todos los informes necesarios, volvió a emprender el camino de Dieppe en compañía del fiscal suplente.