Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pero la brisa que curvaba las llamas lanzándolas hacia el cuerpo de la vivienda dio lugar a que, ante todo, se acudiera a ese peligro. Todos se entregaron con ardor a combatir el siniestro, tanto más cuanto que el propio señor de Gesvres acudió al lugar y los estimuló con la promesa de una recompensa. Cuando el fuego quedó dominado, eran las dos de la madrugada. Toda persecución de los malhechores sería en vano y quedaba, pues, descartada.

—Ya trataremos de eso cuando venga el nuevo día —dijo el brigadier—. A buen seguro que dejaron rastro…; ya los encontraremos.

—Y no me desagradará el saber la razón de este ataque —dijo el señor de Gesvres.

—Venga conmigo, señor conde…; la razón quizá yo pueda decírsela.

Juntos llegaron a las ruinas del claustro. El brigadier llamó:

—¡Lecanu!… ¡Fossier!…

Otros gendarmes buscaban ya a sus camaradas dejados allí de centinelas. Acabaron por descubrirlos a la entrada de la puerta pequeña. Estaban tendidos en el suelo, amarrados con cuerdas y amordazados, y con una venda en los ojos.

—Señor conde —murmuró el brigadier mientras liberaban a los dos gendarmes—, nos la han jugado como a unos niños.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker