Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —¿Entonces ya lo sabÃa usted?
—Desde el primer momento.
—¿Y por qué no lo decÃa usted?
—El poseedor de un objeto nunca tiene prisa por decir que ese objeto no es… o que ha dejado de ser auténtico.
—Sin embargo, era el único medio de volver a recuperarlos.
—HabÃa otro mejor.
—¿Cuál?
—El de no desentrañar el secreto, el no espantar a mis ladrones y proponerles el comprarles unos cuadros con los cuales deben encontrarse un tanto embarazados.
—¿Y cómo comunicarse con ellos?
El conde no respondió. Fue Isidoro quien dio la respuesta:
—Por medio de una nota publicada en los periódicos. Una pequeña nota publicada en el Journal y en el Matin, asà concebida: «Estoy dispuesto a comprar los cuadros».
El conde aprobó con un movimiento de cabeza. Una vez más, el joven daba lecciones a sus mayores.
El señor Filleul siguió muy bien el juego, y dijo: