Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —Los criados dicen lo contrario: que se acostaba regularmente muy temprano. Pero admitamos que se encontraba levantado: ¿por qué deshizo su cama de manera de hacer creer que estaba acostado? Y si estaba acostado, ¿por qué al escuchar ruidos se tomó el trabajo de vestirse de pies a cabeza, en lugar de vestirse de cualquier modo? Yo visité su cuarto el primer dÃa, mientras ustedes almorzaban: sus pantuflas estaban al pie de la cama. ¿Qué le impidió ponérselas, más bien que calzarse las pesadas botas con herrajes?
—Hasta aquà no veo…
—Hasta aquÃ, en efecto, usted no puede ver sino anomalÃas. Sin embargo, a mà me han parecido mucho más sospechosas cuando supe que el pintor Charpenais (el copista de los Rubens) habÃa sido presentado al conde por el propio Daval.
—¿Y entonces?
—Entonces, de ahà a concluir que Juan Daval y Charpenais eran cómplices, no hay más que un paso. Ese paso ya lo habÃa dado yo en ocasión de nuestra conversación.
—Demasiado deprisa, me parece.