Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —En efecto, hacía falta una prueba material. Mas yo había descubierto en la habitación de Daval, sobre una de las hojas del cartapacio encima del cual escribía, esta dirección que, por lo demás, se encuentra todavía allí, y calcada en el secante a la inversa: Señor A. L N., oficina cuarenta y cinco, París. Al día siguiente se descubrió que el telegrama enviado desde Saint-Nicolás por el seudo chofer llevaba esta misma dirección A. L. N., oficina cuarenta y cinco. La prueba material existía. Juan Daval se comunicaba por escrito con la banda que había organizado el robo de los cuadros.
El señor Filleul no opuso ninguna objeción. Dijo:
—Sea. La complicidad queda demostrada. ¿Y cuáles son sus conclusiones?
—Primero, ésta: que no fue en modo alguno el fugitivo quien mató a Juan Daval, puesto que Daval era su cómplice.
—¿Entonces?