Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca De nuevo el señor Filleul y el inspector se miraron. Ganimard agachó la cabeza con aire desconcertado. El juez dijo:
—Señor conde, ¿debo creer que esta versión es exacta?…
El señor de Gesvres no respondió:
—Veamos, señor conde, su silencio nos permitirÃa suponer…
Con voz clara y firme, el señor de Gesvres manifestó:
—Esa versión es exacta en todos sus puntos.
El juez se sobresaltó, y dijo:
—Entonces no comprendo el porqué usted indujo a la Justicia al error. ¿Para qué disimular un acto que usted tenÃa el derecho de cometer al actuar en legÃtima defensa?
—Desde hace veinte años —replicó el señor de Gesvres—, Daval trabajaba a mi lado. Yo tenÃa confianza en él. Si me ha traicionado a consecuencia de no sé qué tentaciones, yo no querÃa, cuando menos, en recuerdo del pasado, que su traición fuese conocida.
—Sea, pero usted debÃa…