Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —¡La posada! Esa posada no existe. Es un truco para despistar a la Justicia…, un truco ingenioso, puesto que ha tenido éxito.
—No obstante, el doctor Delattre afirma…
—Justamente —exclamó Beautrelet con tono de convicción—. Es precisamente porque el doctor lo afirma, que no hay que creerla ¿Cómo es que el doctor Delattre no ha querido dar, respecto a toda su aventura, más que los detalles más vagos…, no ha querido decir nada que pueda comprometer la seguridad de su cliente?… Y de pronto llama la atención sobre una posada. Pero esté usted seguro de que, si pronunció la palabra posada, es porque asà le fue impuesto. Tenga usted la seguridad de que la historia que nos ha contado le fue dictada bajo pena de terribles represalias contra él. El doctor tiene una esposa y una hija. Y las quiere demasiado para desobedecer a unas personas cuyo poder formidable él experimentó. Y es por ello que él les suministró a ustedes la más exacta de las indicaciones.
—Tan exacta que no hay modo de encontrar la posada.