Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Se produjo un silencio un tanto solemne en el cual parecieron prolongarse las sÃlabas del nombre famoso. Arsenio Lupin, el gran aventurero, el rey de los ladrones…, ¿era posible que fuese él el adversario vencido, pero, no obstante, invisible, contra el cual estaba empeñada aquella lucha en vano desde hacÃa varios dÃas? Pero Arsenio Lupin, cogido en la trampa, detenido por un juez de instrucción, constituÃa para éste el ascenso inmediato, la fortuna, la gloria.
Ganimard no se habÃa movido. Isidoro le dijo:
—Usted está de acuerdo conmigo, ¿verdad, señor inspector?
—¡Pardiez, claro que lo estoy!
—¿Usted tampoco, no es asÃ, ha dudado jamás de que él fue el organizador de este asunto?
—No lo dudé ni un segundo. Lleva la firma de él. Un golpe dado por Lupin difiere de otro golpe como de un rostro a otro rostro. Basta con abrir los ojos.
—Usted cree…, usted cree… —repetÃa el señor Filleul.
—Que si lo creo… —exclamo el joven—. Observe usted solamente este pequeño hecho: ¿bajo qué iniciales se comunicaban esas gentes entre s� A. L. N., es decir, la primera letra del nombre de Arsenio y la última de nombre Lupin.