Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —Me lo supongo, puesto que conocÃa el escondrijo. Y supongo también que el estado desesperado de su jefe le fue revelado, pues bajo los efectos de su inquietud cometió la imprudencia de escribir estas palabras de amenaza: Ay de la señorita si ha matado al patrón.
—Pero sus amigos quizá le hayan rescatado después.
—¿Cuándo? Los hombres de usted no se han apartado de las ruinas. Y además, ¿adónde podÃan transportarle? Cuando más, a unos centenares de metros de distancia, porque no se puede hacer viajar a un moribundo…, y entonces ustedes le hubieran encontrado. No, yo les digo que él está allÃ. Sus amigos jamás le hubieran arrancado al más seguro de los refugios. Fue allà donde sus amigos llevaron al doctor, mientras los gendarmes acudÃan a apagar el incendio como unos niños.
—Pero entonces, ¿cómo vive? Para vivir hacen falta alimentos…, agua…
—Sobre eso nada puedo decir…, no digo nada…, pero él está allÃ, se lo juro a ustedes. Está allÃ, porque no puede no estar. Estoy seguro, como si le viera, como si le tocara. Está allÃ.