Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —SÃ, ya lo sé… Es el método usual…, el bueno, sin duda. Pero yo tengo otro…, yo reflexiono ante todo y trato antes que nada de encontrar la idea general del asunto, si se me permite expresarme asÃ. Luego me imagino una hipótesis razonable, lógica, de acuerdo con esa idea general. Y es solamente después cuando examino si los hechos pueden adaptarse a mi hipótesis.
—Es un método extraño y muy complicado.
—Un método seguro, señor Filleul, en tanto que el de usted no lo es.
—No diga; los hechos son los hechos.
—Con unos adversarios cualesquiera, sÃ. Pero a poco que el enemigo tenga un poco de astucia, los hechos son aquellos que él ha escogido. Esos famosos indicios a base de los cuales usted edifica su investigación, él estuvo en libertad de disponerlos a su capricho. Y usted ve entonces, cuando se trata de un hombre como Lupin, adónde eso puede conducirlo a usted, a qué errores. El propio Herlock Sholmes cayó en la trampa.
—Arsenio Lupin ha muerto.
—Sea. Pero su banda continúa y los alumnos de tal maestro son ellos también maestros.
El señor Filleul tomó a Isidoro del brazo y llevándolo consigo dijo: