Arsenio Lupin y la Aguja Hueca

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—Es lo que hicieron, bajo el mando del brigadier. Pero su ausencia había durado hora y media, y durante ese tiempo fue cometido el crimen.

—¿En qué condiciones?

—En las condiciones más sencillas. Una escala tomada de los edificios de la granja fue adosada contra el segundo piso del castillo. Cortaron un cristal y abrieron una ventana. Dos hombres provistos de una linterna penetraron en la habitación de la señorita de Gesvres y la amordazaron antes de que tuviera tiempo de pedir socorro. Luego, una vez que la ataron con cuerdas, abrieron despacio la puerta de la habitación donde dormía la señorita de Saint-Véran. La señorita de Gesvres oyó un gemido ahogado y luego el ruido de una persona que se debate. Un minuto más tarde percibió que los dos hombres transportaban a su prima igualmente atada y amordazada. Pasaron ante ella y se fueron por la ventana. Agotada y aterrorizada, la señorita de Gesvres se desvaneció.

—Pero ¿y los perros? ¿El señor de Gesvres no había comprado dos molosos?

—Fueron encontrados muertos, envenenados.

—Pero ¿por quién? Nadie podía acercárseles.


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