Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —Misterio. El caso es que los dos hombres atravesaron sin tropiezos las ruinas y salieron por la famosa puerta pequeña. Cruzaron el soto contorneando las antiguas canteras… Y sólo se detuvieron a quinientos metros del castillo, al pie del árbol llamado la Encina Grande…, y allà pusieron su proyecto en ejecución.
—Si habÃan venido con la intención de matar a la señorita de Saint-Véran, ¿por qué no la mataron ya en su habitación?
—No lo sé. Quizá el incidente que los decidió a ello no se produjo sino a su salida del castillo. Quizá la joven habÃa conseguido desprenderse de sus ataduras. AsÃ, para mÃ, la manteleta recogida habÃa servido para amarrarle las manos. En todo caso, fue al pie de la Encina Grande donde descargaron su golpe. Las pruebas que yo he recogido son irrefutables…
—Pero ¿y el cadáver?
—El cadáver no ha sido encontrado, lo que, por lo demás, no deberÃa sorprendernos en todo caso. La pista seguida me ha llevado, en efecto, hasta la iglesia de Varengeville, en el antiguo cementerio suspendido en la cumbre del acantilado. Allà está el precipicio…, un abismo de más de cien metros. Y abajo las rocas, el mar. En un dÃa o dos, una marea más fuerte se llevará el cadáver.
—Todo eso resulta muy sencillo.