Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca La hipótesis de Beautrelet era ésta: el automóvil se habÃa llevado efectivamente los cuatro cuadros, pero antes de llegar a Caudebec los habÃa descargado transbordándolos a otro automóvil que habÃa atravesado el Sena más hacia arriba o más hacia abajo de Caudebec. Más hacia abajo, la primera barca que habÃa era la de Quillebeuf, paso muy frecuentado y por tanto peligroso. Más hacia arriba estaba la barca de Mailleraie, importante burgo aislado y carente de toda comunicación.
Hacia la medianoche Isidoro habÃa recorrido las dieciocho leguas que lo separaban de Mailleraie y llamaba a la puerta de una posada situada a la orilla del rÃo. Durmió allà y por la mañana interrogó a los tripulantes de la barca. Éstos consultaron el libro de a bordo, en el que registraban los pasajeros. No habÃa pasado ningún automóvil el jueves 23 de abril.
—¿Y un coche de caballos? —insinuó Beautrelet—. ¿Una carreta? ¿Un furgón?
—Tampoco.
Toda la mañana estuvo Isidoro haciéndose preguntas. Ya iba a marcharse a Quillebeuf, cuando el mozo de la posada donde habÃa dormido le dijo:
—Esa mañana llegué temprano y vi efectivamente una carreta, pero no pasó el rÃo.
—¿Cómo?