Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –Absolutamente cierto -replicó el señor Borély, quien adoptó la postura de bromear para ocultar asà su embarazo-. Se creerÃa que posee usted el don de la doble vista. Entonces, ¿acepta usted nuestras condiciones?
Lupin rompió a reÃr, y contestó:
–Es decir, que yo me someto a los ruegos de usted. SÃ, señor director, tranquilice usted a esos señores de la Prefectura. Yo me callaré. Después de todo, ya cuento con victorias bastantes en mi activo para concederles el favor de mi silencio. No comunicaré nada a la Prensa…, cuando menos, sobre esta cuestión.
Esto significaba reservarse de hacer otras comunicaciones a la Prensa sobre otros sujetos. En efecto, toda la actividad de Lupin iba a converger hacia ese doble fin: comunicarse por correspondencia con sus amigos, y, por medio de ellos, realizar una de esas campañas de Prensa en que él sobresalÃa tanto.
Por lo demás, desde el momento de su detención, habÃa dado ya las instrucciones necesarias a los dos Doudeville, y calculaba que los preparativos estaban ya a punto de dar resultado.