Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Quimbel era un hombre ya de edad, que llevaba lentes cuyos cristales muy gruesos hacían que sus ojos parecieran enormes. Colocó su sombrero sobre la mesa, dejó allí también su cartera de documentos, e inmediatamente le planteó a Lupin una serie de preguntas que llevaba preparadas cuidadosamente.
Lupin respondió a ellas con extrema complacencia, perdiéndose incluso en una infinidad de detalles, que el abogado Quimbel anotaba en seguida en unas fichas sujetas unas a otras con alfileres.
–Entonces -preguntó el abogado, con la cabeza inclinada sobre el papel-, ¿usted dice que en esa época…?
–Yo digo que en esa época… -replicó Lupin.