Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin E igualmente pensaba en el Otro, en el enemigo implacable, emboscado en torno a la prisión, oculto, quizá, en aquélla, y que adivinaba sus planes más secretos, incluso antes que hubiesen florecido en el misterio de su pensamiento.
Pasó el 17 de agosto…, el 18…, el 19… TodavÃa pasaron dos dÃas más… Fueron como dos siglos. ¡Qué interminables minutos! Tan tranquilo de ordinario, tan dueño de sÃ, dotado de tanto ingenio para divertirse, Lupin se sentÃa ahora febril, exuberante por momentos y deprimido en otros, sin fuerzas para luchar contra el enemigo, desconfiando de todos, vÃctima de la dejadez.
Llegó el 20 de agosto…
Hubiera querido actuar, pero no podÃa. Todo cuanto hiciese por adelantar la hora del desenlace, le resultarÃa inútil. Ese desenlace podrÃa producirse o no, pero Lupin no tendrÃa la certidumbre de ello antes de que la última hora del último dÃa hubiese transcurrido hasta su último minuto. Solamente entonces sabrÃa el fracaso definitivo de su combinación.