Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin «Fracaso inevitable -no cesaba de repetirse-. El triunfo depende de circunstancias demasiado sutiles, y no puede obtenerse como no sea por medios demasiado psicológicos…, está fuera de duda que yo me ilusioné respecto al valor y al alcance de las armas de que dispongo…, pero, sin embargo…»
Luego volvía a él la esperanza. Pesaba sus posibilidades. Éstas le parecían de pronto reales y formidables. Los acontecimientos se producirían conforme él había previsto y por las mismas razones con que él había contado. Era inevitable…
Sí, inevitable. A menos, sin embargo, que Sholmes encontrase el escondrijo…
Y de nuevo pensaba en Sholmes… Y de nuevo le abrumaba un inmenso desaliento.
–El último día…
Se despertó tarde, tras una noche de malas pesadillas.
No vio a nadie ese día, ni al juez de instrucción ni a su abogado.