Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin En el primer piso, por el lado Norte, había una larga galería a la cual daban doce preciosas salas exactamente iguales.
Esa misma galería volvía a repetirse en el segundo piso, pero con veinticuatro habitaciones, también semejantes unas a otras. Todo estaba vacío, descuidado y con un aspecto lamentable.
En lo alto no había nada. Las buhardillas habían sido destruidas por el incendio.
Durante una hora, Lupin caminó, corrió infatigable de un lado a otro, con la mirada alerta.
Al caer la noche, corrió hacia una de la doce salas del primer piso, como si la hubiera escogido por razones particulares que sólo él sabía.
Quedó muy sorprendido al encontrar allí al emperador, el cual estaba fumando, sentado en una butaca que había ordenado le trajeran.