Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Sin preocuparse de su presencia, Lupin comenzó a inspeccionar la sala conforme a los procedimientos que acostumbraba emplear en casos análogos, dividiendo la estancia en secciones y examinando éstas una a una.
Al cabo de veinte minutos, dijo:
–Me permito pedirle, señor, que tenga la bondad de levantarse. Aquà hay una chimenea…
El emperador inclinó la cabeza.
–¿Es en realidad necesario que me levante?
–SÃ, señor, esta chimenea…
–Esta chimenea es como todas las demás, y esta sala no se diferencia en nada de las salas vecinas.
Lupin miró al emperador sin comprender. Éste se levantó, y riendo dijo:
–Creo, señor Lupin, que usted se ha burlado un poco de mÃ.
–¿En qué, señor?