Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Waldemar hizo una señal. Tres de sus nombres se arrojaron sobre la joven, y después de una dura lucha, en el curso de la cual aquella desventurada temblaba de cólera y retorcía su cuerpo lanzando gritos, le fue arrancado el volumen.
–Despacio, niña -le dijo Lupin-. Ten calma… Todo esto es en favor de una buena causa… Que la vigilen.
Se trataba de un tomo suelto de Montesquieu, con una vieja encuadernación que databa, cuando menos, de un siglo y que llevaba este título: Viaje al templo de Gnide. Pero apenas Lupin lo abrió exclamó:
–¡Caramba, caramba!, es extraño. En el borde interior de cada una de las páginas ha sido pegada una hoja de pergamino, y sobre esta hoja y sobre todas las demás hay líneas de escritura muy apretada y fina.
En el comienzo leyó:
–«Diario del caballero Gilíes de Malréche, doméstico francés de su alteza real el príncipe de Deux-Ponts-Veldenz, comenzado el año de gracia de mil setecientos noventa y cuatro.»