Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Sólo estaba abierto el cuarto de alojamiento y por él pudo subir. Pero el pasillo estaba vacío y necesitó llamar en las puertas, forzar las cerraduras e introducirse en habitaciones desocupadas, mientras Waldemar, con el mismo ardor que él en la persecución, punzaba los cortinajes y las colgaduras con la punta de su espada.
Se escucharon llamadas que procedían de la planta baja, por el lado del ala derecha. Corrieron presurosos allí. Era una de las mujeres de los oficiales, la cual les hacía señas al extremo del pasillo, y luego les comunicó que la joven se encontraba en casa de ella.
–¿Cómo lo sabe usted? – preguntó Lupin.
–Porque intenté entrar en mi cuarto. La puerta estaba cerrada y oí ruido dentro.
Lupin, en efecto, trató de abrir la puerta, pero no lo logró.
–Por la ventana -gritó-. Debe de haber una ventana.