Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Le guiaron al exterior, e inmediatamente, tomando el sable del conde, golpeó con él los cristales y los rompió.
Luego, sostenido por dos hombres, escaló el muro, metió el brazo por un agujero de la ventana, hizo girar el pestillo y saltó dentro de la estancia.
Acurrucada delante de la chimenea, Isilda se le apareció frente a las llamas.
–¡Oh, qué miserable! – exclamó Lupin-. ¡Lo arrojó al fuego!
La empujó brutalmente, intentó recoger el libro del fuego, y se quemó las manos. Después, con ayuda de unas tenazas, lo sacó fuera del fuego y lo cubrió con un tapete de la mesa para ahogar las llamas.
Pero era ya demasiado tarde. Las páginas del viejo manuscrito estaban completamente consumidas y cayeron reducidas a cenizas.