Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –No, señor. Ya le pediré que me acompañe sólo hasta el palacio del Renacimiento. Pero aún tenemos tiempo, y si su majestad me autoriza, yo desearía ahora reflexionar sobre dos o tres puntos.
Y sin esperar respuesta, se sentó, con gran indignación de Waldemar.
Momentos después, el emperador, que se había alejado y conferenciaba con el conde, volvió a acercarse.
–Señor Lupin: ¿está usted ya dispuesto ahora? Lupin guardó silencio. El emperador volvió a interrogarle, pero él bajó la cabeza.
–Está durmiendo, en verdad; se creería que duerme.
Furioso, Waldemar le sacudió vivamente por el hombro. Lupin cayó de su silla, se desplomó sobre el suelo, sufrió tres convulsiones y quedó inmóvil.
–¿Qué es lo que tiene? – exclamó el emperador-. Espero que no haya muerto.