Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Tomó una lámpara y se inclinó sobre Lupin.
–¡Qué pálido está! Parece una cara de cera… Mira, Waldemar…, observa el corazón…; está vivo, ¿verdad?
–SÃ, señor -dijo el conde, después de un momento-. El corazón late con toda regularidad.
–Entonces, ¿qué ocurre? No comprendo… ¿Qué ha ocurrido?
–¿Y si fuese a buscar al médico?
–Vete corriendo…
El doctor encontró a Lupin en el mismo estado, inerte e inconsciente. Mandó que le tendieran sobre una cama, le examinó detenidamente y se informó respecto a lo que el enfermo habÃa comido.
–¿Teme usted, entonces, que se trate de un envenenamiento, doctor?
–No, señor, no hay sÃntomas de envenenamiento. Pero supongo… ¿Qué es lo que contenÃa esa taza que está en la bandeja?