Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Encendió otro cigarro y ya no dijo una palabra más. Los minutos transcurrían. Lupin permanecía inmóvil y mudo. De pronto, Waldemar se puso en pie y le dijo a Lupin con tono indignado:
–Oiga, póngase en pie.
En ese momento, Lupin silbaba en tono bajo. Continuó haciéndolo impasiblemente.
–En pie, le he ordenado.
Lupin se volvió. Su majestad acababa de entrar. Se puso en pie.
–¿Qué hay de nuevo? – dijo el emperador.
–Yo creo, señor, que me será posible dentro de muy poco el dar satisfacción a su majestad.
–¿Cómo? ¿Acaso sabe usted…?
–¿El escondrijo? Casi, casi, señor… Faltan unos detalles más, que no logro captar…, Pero, ya sobre el terreno, todo se aclarará; yo no lo dudo.
–¿Debemos permanecer aquí?